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| Comparados
con otros mamíferos, los gatos desarrollan una
conducta muy amplia y variada, lo que incluye tanto sus
movimientos corporales como la emisión de sonidos,
que es uno de los principales sistemas que usan para comunicarse.
Se han logrado identificar apenas dieciseis sonidos diferentes
en el "vocabulario" felino, que van desde el
suave maullido para pedir comida o permiso de salir a
pasear, hasta el violento aullido de la hembra en celo
y los sonidos con los que responde el macho. La madre
emite un sonido especial para estimular a los cachorros
a mamar, y en el otro lado de la escala encontramos el
impresionante "gruñido” del gato enojado.
El ronroneo es el único sonido que emite el gato
para manifestar placer en la gran mayoría de las
veces; y aunque el mecanismo por el cual se produce el
ronroneo no ha sido descifrado, la teoría más
popular asegura que se produce por una presión
muy rápida y continua del aliento sobre las cuerdas
vocales, el gato lo hace con la boca cerrada y, por lo
tanto, coincide con su respiración.
En realidad el ronroneo se trata de una conducta de
origen "infantil", pues los cachorros ronronean
cuando son amamaantados, por lo que en los gatos es
una expresión de máximo placer y seguridad;
por el contrario, el maullido representa la petición
de una satisfacción. Cuando la madre desea calmar
a los pequeños o invitarlos a dormir, también
les ronronea para infundirles una sensación de
bienestar. Cuando los cachorros se prenden a las tetas
de su madre, extienden sus uñas como para asegurar
su posición y para tratar de estimular a la glándula
en turno para que siga produciendo leche; esta conducta
persiste en edad adulta y la gente asegura que su gato
les "da un masaje". Los gatos muy afectuosos
"frotan" su cuerpo en las piernas de sus amos
y ronronean al mismo tiempo para llamar la atención
y como una manifestación de cariño; generalmente
comienzan con una fuerte presión de la cabeza,
pues ahí poseen glándulas odoríferas
con las que "marcan" a las personas y las
cosas que consideran de su propiedad.
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Lenguaje corporal en el gato
El lenguaje corporal es un importante medio de comunicación.
Un gato alerta, pero relajado, camina con su cola erguida
y las orejas orientadas hacia los lados; esta posición
significa un estado receptivo y dispuesto a la acción.
Cuando se acerca a su dueño, tiende a bajar la
cabeza y a alzar sus cuartos traseros, manteniendo la
cola erecta mientras comienza a ronronear, preparándose
para "frotar su cuerpo"; esta conducta expresa
la satisfacción de recibir a su dueño.
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| Probablemente el gato abrirá
la boca por completo mientras suelta el aliento, para
que el adversario vea todos los dientes a los que podría
enfrentarse si continúa avanzando; la cola permanecerá
totalmente erguida durante todo el episodio de alarma.
Con todo, el gato está comunicando que se encuentra
preparado para la lucha y que es un enemigo peligroso;
aunque en estas condiciones suelen alternarse conductas
de sumisión, como para evaluar la actitud del
extraño. Si sus intentos de pacificación
no tienen éxito y el adversario se acerca, es
muy probable que el gato ataque primero, sobre todo
si considera que su escape es difícil.
En encuentros con otros gatos las reacciones son muy
variadas, dependiendo de la situación en la que
se encuentren y el temperamento de cada uno de ellos.
Si ambos son gatos sin castrar, entrarán en una
simulación de lucha parecida a la descrita arriba,
pero en este caso se trata de establecer territorios
y dominios. Esta conducta tiene sus rituales particulares,
como el bajar su centro de equilibrio y su cabeza, lo
mismo que la cola, que permanece tensa pero en una posición
horizontal, generalmente por debajo de la línea
de su lomo; en esta actitud ambos contrincantes se van
acercando uno a otro, produciendo gruñidos que
varían de intensidad, como para captar el grado
de temor producido en el adversario. Durante este proceso,
la cola puede subir hasta la posición vertical
y después bajar súbitamente, lo que indica
la inminencia del ataque; si uno de los dos se da por
vencido lo indicará con una actitud de sumisión,
que se manifiesta con un prudente movimiento de retirada,
bajando la mirada y las orejas, lo que indica que rehúsa
la pelea y en cualquier momento se retirará del
territorio del macho vencedor o dominante.
La forma en que el gato se lame y acicala es otra manera
de comunicar su estado de ánimo. Cuando se encuentra
enojado o excitado, el gato se lame de una manera muy
vigorosa, con movimientos muy rápidos, de una
forma que parece obsesiva; se supone que esta es una
especie de "catarsis" felina, pues al lamerse
de esta manera se quita de encima una emoción
que le molesta y encuentra un estado de tranquilidad.
Esta forma de lamerse contrasta con la que realiza normalmente,
que es pausada y autocomplaciente, esto expresa que
el gato está a gusto consigo mismo y el medio
ambiente.
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| Los gatos puede pasar rápidamente de una
actitud de sumisión a otra defensiva; esto generalmente
ocurre cuando el gato es tratado más como juguete
que como un animal que tiene su propia personalidad.
Cuando es castigado, el gato se echa sobre su costado
y muestra las uñas de sus patas delanteras como
una forma de defensa; esta postura representa una actitud
de defensa pasiva, y de hecho, es una forma de sumisión,
que entre los gatos significa que está alerta,
pero no se desea la lucha.
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| Si el castigo incluye golpes directamente
sobre el cuerpo del animal, éste pasará
a una posición activa: se incorpora arqueando
el lomo y muestra sus dientes antes de salir huyendo;
tal parece que el gato nos está diciendo que
ya nos hemos pasado del límite lógico
del castigo y que él no está dispuesto
a tolerarlo, por lo que el gato estará en condición
de atacar incluso a su amo, si considera que su castigo
es excesivo o injusto.
Conducta predatoria
En todos los felinos existe un instinto predatorio
o "de caza" muy acentuado, por lo que el acto
de acechar y cazar es una de las actividades principales
del gato. Incluso después de miles de años
de domesticación y convivencia con los humanos,
los gatos necesitan cazar y sus presas naturales son
los roedores y las aves; aunque también cazan
peces en las aguas bajas, ranas, lagartijas, mariposas
y algunos insectos. Como la mayoría de los miembros
de su especie, los gatos utilizan la sorpresa para cazar,
permaneciendo al acecho en completa inmovilidad, hasta
que de pronto saltan sobre su presa, prendiéndola
con sus uñas y colmillos; en ello despliegan
una alta capacidad de concentración que pone
en acción todas las partes de su cuerpo; su inmovilidad
no es pasividad, sino que todos los músculos
se encuentran tensos en espera del salto predatorio,
que es extremadamente eficaz, por lo que la presa es
atrapada con las uñas de las patas delanteras
y las mandíbulas. Como todos hemos observado
al menos una vez, el gato no mata a su presa en el primer
intento, sino que aparentemente "juega" con
ella o la "tortura" antes de matarla y devorarla.
Esta es una de las conductas del gato que a mucha gente
le disgusta, pues lo considera un acto de crueldad;
pero siempre es un error juzgar las actitudes de los
animales con criterios humanos; una posible explicación
de esta conducta es que el gato acumula una gran cantidad
de energía en el acto de la captura y requiere
liberarla aunque haya conseguido fácilmente a
su presa. También se asocia esta conducta con
el hecho de que la madre captura pequeñas presas
vivas y se las lleva a sus hijos para que vayan adquiriendo
los hábitos del cazador por medio del juego,
entre las seis y las diez semanas de vida, los cachorros
acompañan a la madre para verla cazar y aprender
de ella. El jugar con la presa puede ser el remanente
de una conducta infantil que permanece hasta la edad
adulta.
A pesar de su dotación de instinto, los gatos
domésticos que no cazan ni juegan a cazar, no
desarrollan por completo una conducta típicamente
predatoria. Cuando el gato localiza una presa real o
simbólica, como puedes ser un juguete, normalmente
la presenta ante su dueño como un trofeo de caza,
esto señala la identificación que el gato
hace entre su dueño y su madre, pues era ante
ella que se presentaban las piezas de cacería
durante sus juegos infantiles. Es necesario decir que
es precisamente por esa dotación de instintos
que el gato puede sobrevivir en condiciones de libertad,
aunque los gatos domésticos que se pierden o
escapan se encuentran en desventaja respecto a los que
nacieron y viven en la calle. Un gato bien alimentado
no necesita cazar para vivir y generalmente no ejerce
su instinto sino como un juego, por lo que no es una
transgresión el desacondicionar una conducta
que no le es útil y que incluso puede causar
problemas de salud para el gato y crear focos de infección
en la casa. Normalmente ya no se tiene un gato en la
casa para que atrape ratones, sino para disfrutar de
su compañía.
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