| Por Tere
Rodríguez Yrízar/e-mail: tereyrizar5@aol.com
Una casa abandonada en el corazón de Tacubaya.
Allí vive el recuerdo de una anciana medio loca-medio
leyenda. Dicen las historias de los vecinos que era
una mujer rara, excéntrica. Arrastraba en cada
paso un sin fin de sufrimientos. Fue dejada por su marido
(o amante, según afirman los más longevos
del lugar) y volcó sus sentimientos en el único
hijo que tenía, quien desgraciadamente murió
en una riña.
Para poder sobrevivir a la desgracia, un día
le abrió la rechinante puerta de madera a una
gata herida que buscaba refugio. La adoptó sin
imaginarse que su llegada sería el inicio de
una larga descendencia felina...primero fueron cuatro,
luego nueve, luego quince, luego veintitrés,
luego ¡quien sabe cuántos!!! Todos perdieron
la cuenta. La mujer se fue transformando. Cada vez hablaba
menos, salía menos, miraba extraño. Los
maullidos de los gatos en su casa, parecían traspasar
las ventanas, inundar la calle, taladrar los oídos
de quienes antes vivían tranquilamente. |