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Locación: Inicio / Maiu / Especial La casona de Los Gatos
Agosto - Septiembre 2003
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Por Tere Rodríguez Yrízar/e-mail: tereyrizar5@aol.com


Una casa abandonada en el corazón de Tacubaya. Allí vive el recuerdo de una anciana medio loca-medio leyenda. Dicen las historias de los vecinos que era una mujer rara, excéntrica. Arrastraba en cada paso un sin fin de sufrimientos. Fue dejada por su marido
(o amante, según afirman los más longevos del lugar) y volcó sus sentimientos en el único hijo que tenía, quien desgraciadamente murió en una riña.

Para poder sobrevivir a la desgracia, un día le abrió la rechinante puerta de madera a una gata herida que buscaba refugio. La adoptó sin imaginarse que su llegada sería el inicio de una larga descendencia felina...primero fueron cuatro, luego nueve, luego quince, luego veintitrés, luego ¡quien sabe cuántos!!! Todos perdieron la cuenta. La mujer se fue transformando. Cada vez hablaba menos, salía menos, miraba extraño. Los maullidos de los gatos en su casa, parecían traspasar las ventanas, inundar la calle, taladrar los oídos de quienes antes vivían tranquilamente.

 

De ser una vecina más, pasó a convertirse en la vieja huraña de la calle y después en algo así como bruja-hierbera . Se le veía traer diferentes plantas del mercado, preparar extraños thés de olores tan fuertes y repugnantes, que era una hazaña poder pasar frente a su fachada. Nadie sabe cómo convivía con los gatos. De pronto estaban en las ventanas, salían, saltaban, se reproducían. No se sabe como podía vivir con tantos.

El Territorio de los Gatos

Un día, la casa se detuvo. Quedó en estática. Los ruidos cotidianos cesaron. Ningún olor, ningún movimiento. Los gatos se comportaban extraños. Maullaban bajo, daban rondines, estaban tristes. Los vecinos lo notaron. No fueron necesarias las palabras. Se miraban unos a otros, lo sabían. La vieja hierbera había muerto. ¿Qué hacer?...

Inesperadamente, un audaz pasado de copas pretendió burlarse del dolor gatuno. Sin respetar a los guardianes felinos, de ancestral vínculo con la muerte, tiró un par de piedras a las ventanas y pateó la apolillada puerta hasta abrirla. Como extraño sortilegio, el hombre apareció muerto al día siguiente.

El Territorio de los Gatos

 

Ya con la puerta abierta y los cristales rotos, los vecinos pudieron ver a la mujer en el piso, custodiadas por sus fieles gatos, quienes parecían revivir a la anciana con maullidos y movimientos. Era un cuadro escalofriante. Después de la intervención de las autoridades, se supo que todo cuanto tenía se los había dejado a sus gatos, quienes conocedores de esta voluntad, siguieron durante meses habitando la vivienda.

 

El Territorio de los Gatos
Hoy la casona conserva las ventanas rotas, la puerta de madera y las decenas de gatos herederos de los bienes. Los vecinos han aprendido a respetarlos. Se dice que estos felinos se han vuelto salvajes. Se dice también que el espíritu de la mujer ronda por la calle. Que a veces su silueta se aparece. Que a veces también, hule a thés extraños. Cierto o falso, esta leyenda vive. La casa y los gatos siguen allí, vigilantes, desafiando al tiempo.
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